HIJO, LA JORNADA
Con amor, para mis hijos; y los hijos de la tierra.
Hijo, la jornada… La larga y tediosa jornada,
la arena que es negra, el calor, la mirada;
¿Ves cómo vuelan las aves?
Ya no van en bandada,
van cada una a su cuenta,
a su aire, y su pico es espada…
Hijo… ¿Ya ves la jornada?… Hace frío, hace nada,
puja el silencio su esfuerzo en la pala,
surcan los peces los mares,
quieren salir a la tierra,
y la tierra se cierne quemada,
hemos trabajado tanto,
y hemos cosechado nada…
Hijo… ¿Ya ves la morada?… Ya no es nuestra,
se ha vuelto ajena, y se ha hecho mala,
cuelan el techo maldades,
ya no se ve la alborada,
y ya no se oye ni el canto,
del gallo de cada jornada…
Hijo… Hay que tomar nuestra espada,
hay que blandirla en la mirada,
y hacer del alma, bondades,
cortar la hierba que escala,
los muros y los ventanales,
hay que bebernos la esencia…
!Hay que pelear la jornada!…
Hijo mio… Hijo del alma…
come mi pan,
y bebe mi agua…
Alejandro de la Sal y Rosas
Colaborador de Trujillo Informa desde Ginebra – Suiza
Editor de la guía Latina de Ginebra