Orwell, “1984” y la erosión costera de La Libertad

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Eran tiempos de poder, un representante del pueblo, dedicado a defender los intereses portuarios, allá por el 2011 con bombos y platillos fiel a su estilo estrambótico ofreció “rescatar” las playas de Trujillo y aseguró que con tres dragas se solucionaba el problema. No pasaron ni tres días y se negó tal afirmación, las dragas arribaron y luego cual aves sin alimento huyeron y con ello las esperanzas de los trujillanos.

En esencia lo ocurrido no es algo anecdótico, fue y es una combinación de propósitos políticos con objetivos económicos. A partir de esta experiencia se termina de develar la naturaleza del poder, pues se propuso defender una población vulnerable sometida a una amenaza permanente, bajo la doctrina del asistencialismo democrático, y no bajo la idea de una real reparación del daño ambiental y menos de asumir responsabilidad del mismo.

Las posteriores actuaciones, enrocados, arenados apuntaban no a solucionar el problema, sino a llenar los bolsillos de unos cuantos, gracias a los tomadores de decisión, que llegaron incluso al colmo de regresar al tesoro público más de 80 millones de soles destinados atender tan singular problema ambiental.

La pregunta que queda pendiente es: “¿sabían estos señores, que sus decisiones eran parte de “la estrategia de disociación”? Para este caso consideraremos disociación al acto y consecuencia de disociar (es decir, de efectuar la separación de algo que se encontraba unido a otra cosa).  

La estrategia consistía en presentar el problema de la erosión como un problema de dragado de sedimentos y su traslado a las playas afectadas y no como es en realidad un antagonismo de la gestión en la zona marino costera, con el objetivo de dejar fuera cualquier posibilidad de responsabilizar y reparar el daño.

Existen elementos en demasía que demuestran la responsabilidad por omisión o acción, que deja claro el camino que ha seguido el abordaje del problema y convertirlo en una posibilidad de negocio (consultorías, contratos y obras sin Estudio de Impacto Ambiental, entre otros).

Estos hechos se parecen a la novela “1984” de George Orwell, quien hace un magnífico análisis del poder y de las relaciones y dependencias que crea en los individuos, pues ahora hemos pasado de la tutela de un líder, omnipotente que controla todo, a un complejo burocrático que incluye gobiernos locales, regional y nacional (ministerios) cuya función es la de no proveer de significado a las actuaciones u obras que representen peligro para intereses portuarios.

La estrategia ha consistido en utilizar tácticas de desgaste no solo de las playas sino de los cuestionamientos, usando el tiempo como instrumento y los famosos decretos de emergencia, hasta pretender imponer ahora una solución que no asegura la sostenibilidad, sino que constituye una amenaza a todo el litoral de La Libertad con el proyecto de instalar 20 espigones, lo que equivale a continuar con el “desorden y ganancia de constructores” (vendedores de piedras, arena, tierra, dragas), es decir aplicar la coacción institucional contra la naturaleza y racionalidad humana expresada por los criterios científicos y profesionales, vale decir el uso arbitrario del poder para “solucionar” el problema ambiental en cuestión.

A decir de la novela “1984”, estas situaciones nos conducen cual sociedad de esclavos, sin posibilidad alguna de escapar del sistema, que nos somete a los aparentes objetivos colectivos mediante el miedo, la ignorancia y la mentira y que permite seguir parasitando a la clase gobernante.

Demás esta mencionar el nulo interés en la solución integral y sostenida de la zona marino costera de la cual la erosión es solo uno de sus problemas, hecho que quedó demostrado cuando la academia invito a dialogar sobre el tema a nuestros representantes al congreso, quienes obviamente no concurrieron, excepto uno que llego tarde.

Esta disociación no es más que la expresión de una distopía que nos plantea las contradicciones de los discursos políticos a sus consecuencias extremas (Por Carlos Alfredo Bocanegra García).

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