Por Carlos A. Bocanegra García.
Se conoce que los oleajes anómalos son parte de la dinámica del mar y que tienen como origen factores atmosféricos y oceánicos, como las tormentas o temporales que ocurren en la Antártida, la luna llena que en esta oportunidad coincidió con el cuarto creciente, las ondas Kelvin, masas de agua cálida que viajan desde Australia hasta nuestras costas aumentando a 18 cm el nivel del mar en esta oportunidad, y el debilitamiento del anticiclón del Pacifico Sur que impide que las aguas frías avancen hacia nuestras costas. Los recientes oleajes anómalos ocurridos en la costa peruana y en particular en la región La Libertad, nos ha dejado importantes lecciones que pasaré a describir.
Primero. No obstante la alerta temprana, se demostró una vez más que no estamos preparados adecuadamente para enfrentar estos eventos extremos tan igual como cuando se presenta el Fenómeno El Niño. A pesar del voluntarismo desplegado desde las primeras horas de la inundación, no se pudo controlar y menos actuar como exige una situación esta envergadura, el pánico cundía en la población, sobre todo de Buenos Aires Sur, donde el mar derribo 20 casas y las olas arrasaban con todo lo que encontraban a sus paso, no había bolsas, sacos, menos arena para intentar protegerse de la furia del mar, la gente corría desesperadamente por el estrepitoso ruido que hacían las olas al chocar con el enrocado que potenció su poder destructivo.
Segundo. Ausencia de las autoridades que presiden los comités de defensa civil como son los alcaldes, situación que dificultó la toma de decisiones oportunas en el momento oportuno, al parecer no se quiere entender que la naturaleza no descansa, no tiene feriados, sábados ni domingos y menos celebraciones por primero de mayo.
Tercero. Los daños producidos en el litoral fueron claramente diferenciados, pues cuando la masa de agua del oleaje seguida por una fuerte corriente, impacta según el espacio construido y su entorno, caracterizada por diversas obras como viviendas, playas, espigones, molones, enrocados. El impacto del oleaje adquiere mayor fuerza destructiva cuando se refuerza por la colisión con las estructuras rígidas.
En el caso de Salaverry, Puerto Chicama y Puerto Pacasmayo, la magnitud de la fuerza en el momento del flujo fue tan alta, que arrastró varias embarcaciones y destruyó los muelles de Malabrigo y Pacasmayo. Situación que no ocurrió en Huanchaquito y Huanchaco, donde el mismo flujo generó inundación por su gran extensión plana de playa en el primero y por la erosión en el segundo que encontró un pasaje hacía en interior en el badén. En el caso del balneario de Buenos Aires y Las Delicias, los daños fueron más severos por la colisión de las olas con los enrocados que les sirvió de trampolín o garrocha, al extremo de alcanzar alturas superiores a 3 metros y llegar hasta 2 cuadras dentro de la localidad.
Cuarto. La erosión de las playas -que significa la ausencia de arena-, aumentó la vulnerabilidad de los balnearios, pues debido a la gran longitud de onda de las olas estas sienten el fondo y son refractadas por que la velocidad de propagación depende de la profundidad.
Actualmente el balneario de Buenos Aires, Las Delicias y Huanchaco tienen una pendiente de más de 2 metros de profundidad en la orilla cuya escasa arena se embancó o acumuló dentro del mar formando bancos que sumados a la deposición de los dragados dentro del océano formaron bajos o espacios de baja profundidad, haciendo que las olas sufran fenómenos de refracción disminuyendo su velocidad y longitud de onda, pero aumentando su altura y con ello su poder destructivo tal como lo hemos señalado.
Por lo tanto, la topografía, las construcciones rígidas, direccionan y magnifican las olas cuando llega a la línea costera y cuando encuentra un obstáculo descarga su energía impactando con gran fuerza, pues cuando mayor es la altura de la ola, mayor es la energía acumulada. Los pronósticos nos señalan que en los próximos días tendremos nuevamente presencia de estos oleajes anómalos, esperamos haber aprendido de las lecciones dejadas.
Finalmente, considero que no debe seguir invirtiendo en reforzamiento de enrocados, debe procederse a la reubicación de la población en mejores condiciones y luego definir de una vez por todas que se piensa hacer con el litoral destruido.