El futuro del GLP por Pedro Pablo Kuckzynski

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El panorama energético del Perú cambió con la puesta en marcha de Camisea en el año 2004. Este muy importante proyecto permitió reducir drásticamente la dependencia del petróleo importado, reemplazándolo en parte con gas natural y con el gas licuado de petróleo (GLP), que es un derivado de los líquidos asociados al gas de Camisea.

Es muy importante entender las diferencias entre el gas natural, que es un producto liviano (y seco), pero que debe estar comprimido (lo que requiere tubos y tanques pesados de acero) y el GLP, al cual comúnmente llamamos “gas”, que es un producto que proviene del petróleo o de los líquidos asociados al gas, y requiere una elaboración industrial. Cuando hablamos de “balones de gas”, en realidad estamos hablando de GLP.

En la mayoría de países que usan gas natural, este se tiende en tuberías que son costosas (como lo está haciendo hoy en Lima la empresa “Cálidda”) y luego, en las distancias que ya no pueden cubrir las tuberías, se distribuye GLP en camiones y luego en balones. El gas en los lotes productivos de Camisea, el Lote 88 y el Lote 56 tienen una particularidad muy favorable, y es que es gas “húmedo”, con un alto contenido de hidrocarburos líquidos, los cuales precisamente sirven para fabricar GLP.

El gas natural es como lo dice su nombre un producto natural, mientras que GLP es un producto distinto, elaborado industrialmente en base al petróleo o a los líquidos asociados al gas. Hasta el año 2004, la mayoría de los peruanos cocinaban con kerosene: a partir de Camisea y la mayor disponibilidad del GLP en balones, 76% de los hogares del Perú cocinan hoy con GLP, con un porcentaje aún más alto de 88% en Lima. Aparte de la producción de Camisea, el uso del GLP ha sido alentado por políticas fiscales. En 2005 exoneramos al GLP del pago del Impuesto Selectivo al Consumo y luego, en 2012, el actual gobierno creó un fondo de subsidio denominado FISE para los usuarios más pobres.

¿Qué ha pasado ahora? Como lo indica un reciente estudio de Macroconsult, el consumo de GLP ha ido subiendo en la última década a una tasa anual de 11%, mucho mayor que el crecimiento del Producto Bruto Interno, y el GLP para el transporte a una tasa del 18%, fomentada por su precio mucho menor al de la gasolina y del diesel. En las últimas semanas hemos llegado a un punto de inflexión, causado inicialmente por una pequeña rotura de una tubería de líquidos en Camisea, luego por los oleajes en la costa que impedían que el transporte marítimo desde la planta de Pisco hasta el Callao se desarrolle normalmente, por la falta de capacidad de almacenamiento en los centros usuarios principales, y finalmente por la indecisión desde hace varios años de hacer un tubo para transportar el GLP desde su principal planta de producción en Pisco hacia Lima.

Además ha ocurrido algo que merece atención: el precio en la planta de Pluspetrol de Pisco a los distribuidores y compradores al por mayor ha bajado en un año de $630 por tonelada a $300, siguiendo la tendencia mundial del precio del petróleo. Pero el precio del GLP al usuario, en el cual hay un componente alto de distribución de aproximadamente 50%, no ha bajado, sino más bien ha tendido a subir. Esta tendencia contradictoria, menor precio en la planta pero precios altos al consumidor, merece mucha atención. Aparentemente la causa principal de esta discrepancia es que una parte importante de la distribución (más o menos 40%) es hecha por empresas semiformales que logran posiciones de monopolio en lugares económicamente desventajados. Estos distribuidores estarían abusando su posición de dominio en las zonas más pobres de Lima y otras ciudades.

La mayoría de analistas piensan que el Perú aumentará sus importaciones de GLP en los próximos años, revirtiendo la tendencia positiva que se creó con la puesta en marcha de Camisea.

 

¿Qué hacer? :

 

* Evidentemente hay que promover una mayor capacidad de almacenamiento y también el ducto de Pisco a Lima para el GLP

* Es fundamental desarrollar una política de promoción a la exploración de gas y de petróleo. Hoy el Perú no es competitivo en hidrocarburos, con la honrosa excepción de Camisea.

* Las autoridades deben investigar la distribución de GLP por empresas informales y semiformales.

 

Recordemos que de 1980 a 1982, el Perú producía 190,000 barriles de petróleo diarios. Desde la nacionalización de parte de la producción petrolera en 1986 y la introducción de políticas que desalentaron la exploración, la producción petrolera se ha derrumbado. Hoy solo producimos 58,000 barriles diarios, un volumen imperceptible a nivel mundial, lo que nos hace vulnerables a la importación. Por el momento, con precios internacionales del petróleo bajos, esto no es un problema, pero ciertamente lo sería cuando los precios aumenten en el futuro.

El gas y los derivados del gas son la solución, pero los recientes gobiernos han sido poco promotores de la inversión en hidrocarburos. Ahora estamos viendo los resultados. Si bien Camisea cambió drásticamente una situación en deterioro, si no actuamos rápidamente volveremos a la situación del pasado: dependencia de las importaciones, alzas de precios y problemas en la balanza de pagos. Debemos pensar seriamente en cómo hay que actuar a través de un diálogo nacional en el cual participen expertos y puedan también participar los consumidores, desde las amas de casa hasta los taxistas y transportistas y los grandes usuarios industriales.

“Hasta el año 2004, la mayoría de los peruanos cocinaban con kerosene: a partir de Camisea y la mayor disponibilidad del GLP en balones, 76% de los hogares del Perú cocinan hoy con GLP”. (Correo).

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