Irán desafía la amenaza estadounidense de un “Día D económico” y habla de “derrota de Estados Unidos”

Irán respondió con firmeza a las nuevas medidas económicas anunciadas por Estados Unidos y advirtió que los países que colaboren con ellas podrían enfrentar consecuencias. Teherán rechazó las declaraciones estadounidenses sobre el supuesto debilitamiento de sus capacidades militares y nucleares.

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, señaló que Washington estaba preparando una de las mayores campañas de presión financiera contra Irán. Según él, esta medida buscaba aumentar considerablemente la presión económica sobre el país después de los ataques contra sus instalaciones militares y nucleares.

Ante estas afirmaciones, el vicecanciller iraní Kazem Gharibabadi cuestionó el discurso estadounidense. Indicó que, si realmente Irán hubiera perdido gran parte de su capacidad militar, no sería necesario que Estados Unidos movilizara tantas instituciones y recursos para aplicar nuevas sanciones. Por ello, planteó si las acciones estadounidenses representaban una victoria o, por el contrario, una señal de fracaso.

El gobierno iraní también pidió a otros países que no participaran en la campaña económica impulsada por Washington. El portavoz de la cancillería, Esmail Baqai, afirmó que cualquier nación que ayudara a Estados Unidos en sus acciones contra Irán tendría que asumir las consecuencias de su decisión. Además, Mohsen Rezai, jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, había advertido anteriormente que los países que se unieran a la presión económica estadounidense serían considerados enemigos.

El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán comenzó con una serie de ataques contra territorio iraní el 28 de febrero, seguidos de represalias iraníes en diferentes lugares de la región. Posteriormente, el 8 de abril comenzó un alto el fuego que puso fin a varias semanas de intensos enfrentamientos. Sin embargo, el estrecho de Ormuz continuó siendo uno de los principales puntos de tensión.

Este estrecho es fundamental para el comercio mundial de hidrocarburos y permanece bajo control iraní desde el inicio del conflicto. Estados Unidos considera prioritaria su reapertura, mientras que Irán sostiene que no permitirá el paso hasta que Washington retire el bloqueo naval, elimine las sanciones relacionadas con el petróleo y libere los bienes iraníes congelados en otros países.

Por otra parte, el presidente estadounidense Donald Trump anunció que su gobierno aumentaría la presión económica contra Irán a niveles nunca antes vistos. Washington también ha pedido a otros países, entre ellos China, que participen en los esfuerzos para aislar económicamente a Irán.

A pesar de esta situación, Irán ha señalado que sus relaciones con China se han fortalecido y son cada vez más amplias. El país persa lleva décadas enfrentando sanciones estadounidenses e internacionales, especialmente desde la Revolución Islámica de 1979.

Finalmente, el gobierno iraní considera que la estrategia estadounidense de ejercer una política de “máxima presión” mediante sanciones económicas no ha tenido éxito. Teherán sostiene que las restricciones económicas y las amenazas no conseguirán obligarlo a modificar sus decisiones políticas.

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