Arzobispo de Trujillo propone ley sobre cambio climático y defensoría del clima

El día de ayer se inició la reunión de alto nivel sobre Desarrollo humano, promovido por la Conferencia Episcopal Peruana, como aporte de la Iglesia Católica a la Conferencia de las Partes del Convenio Marco de Naciones Unidas Sobre el Cambio Climático –COP 20, que se viene realizando en Lima, donde participan 195 países firmantes de esta Convención.

Participan en esta Reunión obispos provenientes de diversas partes del mundo, que explicarán los impactos del cambio climático en Asia, en Europa, en América Latina y en el mundo entero. La Conferencia Episcopal Peruana también se hará presente presentando la visión de la Iglesia Católica sobre el Cuidado de la Creación y el Desarrollo Humano Auténtico.

A su turno el Arzobispo de Trujillo Mons. Miguel Cabrejos Vidarte, O.F.M, disertó sobre “LA RESPONSABILIDAD AMBIENTAL Y CLIMÁTICA DEL HOMBRE DE HOY”, en la que propuso la necesidad de contar con una Ley sobre el Cambio Climático en el país, que comprenda los derechos y obligaciones ciudadanas y las responsabilidades de las autoridades gubernamentales; así mismo la creación de una Defensoría del Clima que asegure el desarrollo sostenible y el bienestar de la población.

Adjuntamos el texto completo de los aportes de Mons. Miguel Cabrejos para la difusión íntegra de sus contenidos.

LA RESPONSABILIDAD AMBIENTAL Y CLIMÁTICA DEL HOMBRE DE HOY

Las preguntas que el Papa Francisco hizo en el 2013: “¿Estamos verdaderamente cultivando y custodiando la creación? ¿O bien la estamos explotando y descuidando?”, resuenan con fuerza en este Foro Global en el que se buscan propuestas para afrontar el cambio climático.

Las múltiples dimensiones de la humanidad –a diferencia del paradigma criticado por Herbert Marcuse sobre el hombre unidimensional– nos permiten afirmar hoy la consideración que el hombre es un ser ecosistémico y climático. Es decir, que a la par del “hombre político”, “hombre económico” y el “hombre religioso”, por citar algunas dimensiones, también existe el “hombre climático o ecosistémico”.

De hecho, el ser humano no es concebible sin un entorno ecosistémico que le permita vivir y satisfacer sus necesidades materiales y espirituales, para lo cual, social, cultural e individualmente debe intervenir en los diversos ecosistemas de manera responsable.

Un aspecto esencial en relación con el entorno y los ecosistemas es precisamente el clima. La historia y la prehistoria de la humanidad han estado condicionadas por las diferentes manifestaciones y cambios del clima; sin embargo, en los últimos tiempos, es el hombre que lo condiciona -intervención antropogénica la denominan los expertos-, a tal punto que ha tenido que hacer un alto en su camino para reflexionar sobre los múltiples impactos adversos y perversos que los sistemas humanos, vale decir, económicos, sociales, culturales y tecnológicos, generan a los sistemas climáticos.

Ahora en Lima participamos de la Conferencia de las Partes Nº 20 que está orientada a elaborar el borrador para un nuevo Acuerdo Global sobre Cambio Climático, que se espera sea adoptado definitivamente en París el 2015.

Pero la efectividad de los acuerdos que se tomen y del aparato jurídico que lo acompañe, en última instancia, radica en el compromiso ambiental y climáticamente responsable de todas y cada una de las personas, instituciones, autoridades, gremios, empresas y ciudadanía en general.

Como advirtió el Papa Francisco en la Audiencia General de mayo del presente año, corremos el “peligro de creernos dueños absolutos de la creación, disponiendo de ella a nuestro antojo, sin límites. La creación no es propiedad nuestra, ni, menos aún, sólo de algunos, sino un don maravilloso que Dios nos ha dado para que la cuidemos y la utilicemos con respeto en beneficio de todos. Si destruimos la creación, la creación nos destruirá a nosotros. Dios perdona pero la naturaleza no”.

En la Liturgia de las Horas se encuentra esta frase: “Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte de haberle dado un día las llaves de la tierra”; y en el Apocalipsis 11, 18 está escrito: “Dios nos pedirá cuenta de su uso y herirá y destruirá a los que hieren y destruyen la tierra”.

Considerando la preocupación que se tiene sobre el cambio climático, me permito hacer las siguientes propuestas:

1. La necesidad de contar con una Ley sobre Cambio Climático en el país, en el marco de los compromisos internacionales, que comprenda los derechos y obligaciones ciudadanas, así como las responsabilidades de las autoridades a todo nivel gubernamental. Esta ley debe asimismo trascender y sistematizar los temas claves de discusión generados en la COP 20 CMCC; para traducirlos en mandatos, exigencias e incentivos en materia climática, al servicio de las actuales y futuras generaciones.

2. La creación de una Defensoría del Clima, cuya misión debe estar focalizada a la seguridad climática y alimentaria, con el fin de asegurar un desarrollo inclusivo, emprendedor y ambientalmente responsable: el desarrollo sostenible implica la protección del ambiente, la mejora económica y el bienestar de la población.

MIGUEL CABREJOS VIDARTE, OFM
Arzobispo de Trujillo

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