Memorable cierre de “Entre el mar y la luna” en Huanchaco

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Festival de poesía congregó a 30 poetas y músicos de Lima, Chiclayo y Trujillo.

POETAS-MIGUEL-PAJARES-Y-CARLOS-ULLOA

Un memorable y mágico fin de festival se vivió en el ocaso huanchaquero este sábado 22 de febrero, durante la clausura de “Entre el mar y la luna”, con la participación de poetas invitados, el homenaje a los creadores de la revista “Zahorí” y la perfomance al aire libre de David Novoa.

 

El encargado de abrir las lecturas poéticas fue Jonathan Chacón, quien arribó desde Piura para compartir su bello “Poemar”: “Zarpo a tu mar /sin brújulas sin mapas que me contenga / buscando las fuentes del agua bendita /que cualquier marino quisiera poseer. / Desde mi punto de zarpe / las costa de mi / el capitán del navío / eleva las anclas libera las velas… / Exploro. Me adentro cauteloso / en tus aguas oscuras e inquietas por el creciente miedo. /En mi navegar / por tu ancho mar me pierdo. Eres puerto y tu muelle mar adentro / me contiene para poder un día anclar, / eres puerto / mi punto final”, exclamó delante de las olas.

 

Inmediatamente, entraron en escena Miguel Pajares Alva y Carlos Ulloa Escobedo, junto al organizador para rendir homenaje a la publicación que hace 26 años constituyó un eje literario, un punto de quiebre entre los 80s y 90s; y actualmente sigue siendo un referente por la calidad de los escribas consignados en sus páginas.

 

Carlos Ulloa, actualmente procurador del Gobierno Regional de San Martín, contó las peripecias que tuvieron que vivir para sacar a la luz el primer número emblemático de setiembre de 1988, formato medio A4 e ilustrada por Salvador Rosado. En ese número inaugural aseguraban que la “poesía es una guerra total”. Aparecen versos de Luis Eduardo García (Poeta Joven del Perú 1985), Duncan Sedano Vásquez (posteriormente autor de “Confesiones de Juan Jacobo”), Miguel Ángel Pajares Alva (ganador de Lundero junto a Duncan), Carlos Ulloa Escobedo (quien recorría “la soledad en una bicicleta, sorprendido asi a la alegria con irreverencia. fanatico de la verdad, vive agresiamente de sus sueños”) y Carlos Prado Muñoz (el futuro autor de “Imágenes rotas” y “La casa no existe pero nos alumbra”). En ese número quedó consignado el trabajo de Nivardo Córdova (Zaña, 1969).

 

La coanimadora Lourdes Gamboa presentó a los poetas de la tarde leyendo precisamente las apostillas de “Zahorí” y de “Camión de Ruta”, referidas a Miguel Pajares y Carlos Ulloa.

 

“Mil palabras / buscando unos labios para pintar de color/ la arena que cada una de tus huellas / dejan en mi pecho”, dice a esa hora de la tarde el poema de Carlos Ulloa.

 

“Juegas ahora a sonreír al cielo / a esconder el rostro en el Sol / y sentirte paisaje / ciudad / sonrisa” y todo lo que fuere locura / para el mundo”, se escucha decir a Miguel Pajares Alva. Y entre ambos, como el magistral telón de fondo inopinado el público vio recortarse la figura de un saxofonista que obsequiaba sus melodías con un cielo dorado poblado de cientos de gaviotas. Era la sinfonía exacta para el momento.

 

Y tras ellos entre el público, sentados en la misma arena ya estaban los amigos del trío de músicos “El Sol” vestidos de blanco con sus tambores para dar la bienvenida al poeta David Novoa Jiménez, quien esta vez realizó una aplaudida perfomance dedicada al mar y a la poesía.

 

En un determinado momento, imprevistamente Novoa dejó el público, al micrófono y su casaca negra para salir corriendo hasta las olas que lo reclamaban desde temprano, se sumergió en ellas y probó su salado sabor para regresar con un gesto de felicidad. 

 

“Magnífico mar, / al pie del mar de amor: morir / mirando el mar / mar de amor / porque morir es no mirar el mar”, exclamó Novoa con el sabor del mar aún en sus labios.

 

Al abrirse el micrófono, intervino en aplaudida participación el huanchaquero Enrique Huamanchumo Venegas con la leyenda de los peces: “La lorna y roncador son dos pescados sabrosos/ pero cuenta un pescador que antiguamente eran esposos. / La lorna, toda una dama se encargaba en el hogar / y el roncador por cantar vivía de jarana en jarana /…en gajes del amor no hay que ser como el roncador / jaranista borracho y pegalón / porque lo agarran a palos y termina en el hospital”.

 

Finalmente, entre el equipo de apoyo sorprendió Frankie, quien desenrolló un fajo poemas para dedicarle a su amada Lou uno de sus versos con ese fondo del mar que se volvía dorado. Y el organizador no quería que aquel mágico instante concluyera y parecía haberse confabulado con crepúsculo que aquella tarde del 22 de febrero se alargaba para seguir con poesía y mar.

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